Desde que tengo uso de razón he sentido cierto rechazo a las zapatillas de andar por casa. Recuerdo a mi madre gritándome, hoy en día todavía lo hace, por estar descalza, pero es que me encanta la sensación que me produce el estar sin nada en los pies, el sentir el calor o el frío de la baldosa, el pisar suelo firme con los pies sin ningún elemento que se interponga, incluso el andar descalza por la playa y sentir, ese agua congelada que baña tus pies, poner primero el dedito gordo para que ver si te atreves a poner el resto, el tacto con la arena, dejar tus huellas en ella, ver la de los demás que se extienden por el resto de la playa, incluso sentir como se te clavan esas piedras, que no son piedras si no rocas de la playa a la que acostumbro ir en verano, me gusta, tal vez porque me sienta más libre o tal vez porque me guste esa conexión con la naturaleza. Sea lo que sea, creo que es un vicio que no seré capaz de quitarme.
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