No sé que tiene este lugar que siempre consigue ejercer cierta magia sobre mí, consiguiendo un efecto embriagador. Me siento en el sitio de siempre y como siempre intento empaparme de todo lo que me rodea; ladridos en la lejanía, un hombre con martillo y cincel intentando acabar con un mal mortero, el sol que a pesar de estar en otoño calienta de manera agradecida, incidiendo levemente sobre mi cara y como no; el mar que rodea ese embarcadero (mi lugar de confidencias). Hoy el mar está en calma, pero no lo suficiente como para no ejercer cierto poder sobre la madera flotante en la que me siento, consigue moverla levemente llegando, incluso, a marearme un poco, es curioso consigue un efecto semejante al de mis sentimientos, un batiburrillo de pensamientos en los que a veces hacen que me sienta mareada. Dejo de escribir, levanto la cabeza un momento, el momento exacto en el que un pez sale del agua para volver a zambullirse, consigue arrancarme una sonrisa. El paseo ha tomado fin, acabo de conseguir lo que pretendía; dejar de pensar y disfrutar del momento, de la naturaleza, de mí. Este paseo nunca me falla.
Imagen: Nfret

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