................................................................En busca de la felicidad...
.................................................................................... y la felicidad se encontró en pequeñas porciones.

sábado, 1 de mayo de 2010

ABRIENDO EL BAÚL DE LOS RECUERDOS


Día de limpieza en casa, día en que los recuerdos resurgen de lo más hondo de los interior, lo escondiditos que estaban.

Cada prenda que encuentro, un recuerdo de mí vida.

Cada prenda que toco, un “como era y en lo que me he convertido”.

¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Y lo poco que nos damos cuenta de ello,

Parece que tan solo nos enteramos cuando suceden cosas como esta: un día de limpieza general, un día en la que recuerdas la etapa de los náuticos, la etapa “me da igual lo que me ponga porque sí”, la etapa cómoda, la etapa “hippie”,(así lo solía llamar mi hermana), o simplemente una cazadora “la náutica”, se llamaba, jajaaj, la cantidad de recuerdos que te pueden venir a la cabeza, comprarla porque todo el mundo la lleva, una falda que te recuerda a tu último amor, unos zapatos, que eran la muerte, pero que bonitos eran los jodios, aiss, cuantas cosas en solo un día.

Recordando las pintas que llevábamos y lo supuestamente, bien que vestíamos en aquel momento, porque a pesar de que no hayan pasado tantos años, sí, hemos vivido una etapa oscura, en la que seguramente jamás querremos volver, pero ahí ha estado, y recordando eso, nos echamos a reir, y avergonzar un poco “Dios mio, cómo he podido llevar eso!

Te haces mayor pero en el fondo sigues siendo la misma niña que se alegra por las pequeñas cosas, que se emociona cuando sus padres le dicen “ya era hora”, porque significa que están orgullosos de ti aunque no se atrevan a decirlo con todas las letras, a reírse con un chiste malo, solo porque siente cómoda en un entorno que le costó sudor y lágrimas encontrar… y todo esto por un día de limpieza general, un día que vas retrasando por pereza y que finalmente te enriquece más que pasar una hora viendo la televisión.

Está bien vivir de vez en cuando estos días, el recordar como eras, como vestías e incluso como pensabas, hacer una evolución de tu vida y sentirte orgullosa de los enormes cambios que has sufrido, ya no solo en tu estilismo, que está muy bien, sino a nivel personal. Y cuando te das cuenta de ello, miras hacia abajo, con tus cascos, escuchando la canción Relojero de Mcenroe, y sonríes disimuladamente, para que tus vecinos no piensen que la hija de los tragamares está loca.

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